Cuba, y exactamente su
capital, fueron de los primeros lugares en Latinoamérica
a los cuales arribó la novedad tecnológica que era
todavía el cinematógrafo en enero de 1897. Representante
de los hermanos Lumiere fue Gabriel Veyre, quien además de
servirle de embajador al invento de los franceses, también
realizó en La Habana el primer filme cubano con ambiente
cubano de que se tienen noticias: Simulacro de incendio, también
en 1897.
A finales de los años veinte se logra cierta estabilidad
en la producción, pero los filmes alcanzaban muy escasa calidad,
eran obras artesanales, ingenuas y con muy escasos valores artísticos.
Es el momento en que Ramón Peón, otro de los principales
fundadores de una cinematografía cubana, realiza la memorable
"La virgen de la Caridad" (1930), considerada por algunos
historiadores uno de los filmes latinoamericanos más importantes
de este periodo. Por este período también se realizaron
"Manuel García o Rey de los Campos de Cuba", "El
capitán mambí", "El rescate del brigadier
Sanguily", etc.
Para los años 30 y siguientes se realizaron filmes como
"Serpiente Roja", primera película sonora cubana,
"Romance del Palmar", "Estampas Habaneras",
"Siete muertes a plazo fijo".

Tomás Gutiérrez Alea |
A partir de 1959 con la creación y puesta en marcha del ICAIC
(Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos
), bajo la dirección de Alfredo Guevara, surge la posibilidad
de crear en Cuba un cine entendido como “el más poderoso
y sugestivo medio de expresión artística, y el más
directo y extendido vehículo de educación y popularización
de las ideas”, según rezaba en la Ley que instauraba
a la que ha sido, hasta hoy, la principal entidad productora de cine
en Cuba.
Tomás Gutiérrez Alea se transformaría en
el más destacado realizador cubano desde que dirigiera el
primer largometraje cubano de ficción, "Historias de
la Revolución", después del cual transitó
de lo épico a lo íntimo y a la sátira crítica
en "Las doce sillas", "La muerte de un burócrata"
y "Memorias del subdesarrollo". La más extraordinaria,
libre y sugestiva década del cine cubano registró
también imprescindibles obras de Julio García Espinosa:
"Aventuras de Juan Quinquín", Humberto Solás:
"Manuela", "Lucía" y Manuel Octavio Gómez:
"La primera carga al machete".

"Clandestinos" |
Para la década de los 70 siguieron: "Páginas
del diario de José Martí" (José Massip),"
Los días del agua" (Manuel Octavio Gómez), "Una
pelea cubana contra los demonios", "La última cena"
y "Los sobrevivientes" (Tomás Gutiérrez
Alea), "Maluala", "El otro Francisco" y "Rancheador"
(Sergio Giral), "Mella" (Enrique Pineda Barnet), "El
hombre de Maisinicú" (Manuel Pérez), "El
brigadista" (Octavio Cortázar), "Un día
de noviembre" (Humberto Solás), "Ustedes tienen
la palabra" (Manuel Octavio Gómez), "Retrato de
Teresa" (Pastor Vega), "De cierta manera" (Sara Gómez).
Se produjeron largometrajes de dibujos animados dirigidos por Juan
Padrón: "Elpidio Valdés", etc.

"Elpidio Valdés" |
Los 80 comenzaron con "Cecilia", superproducción
de Humberto Solás. Se reactivó el contacto con el público
masivo, sobre todo mediante una serie de comedias costumbristas y
contemporáneas como "Se permuta" y "Los pájaros
tirándole a la escopeta", seguidas por una larga estela
de títulos que volvieron a repletar las salas como "Una
novia para David", "Plaff" y "La bella del Alhambra"
que se cuentan entre las mejores de esta etapa. Además se hicieron
filmes reflexivos e históricos como "Papeles Secundarios",
"Hasta cierto punto", "Amada", "Clandestinos",
"Un hombre de éxito" sin descontar el documental
guiado por Marisol Trujillo y Enrique Colina.
Los cambios ocurridos en el mundo desde finales de los años
ochenta, con el derrumbe del llamado socialismo real esteuropeo,
condujeron primero a la tensa situación que rodeó
el estreno de "Alicia en el pueblo de maravillas" (1990)
de Daniel Diaz Torres, y luego motivaron también que la industria
cinematográfica se quedara totalmente sin socios comerciales,
lo cual empujó a la principal empresa productora (ICAIC)
a un proceso difícil de coproducciones y autofinanciamiento.
Hubo en la década un primer período en que se continuaron
las líneas sentadas en los años ochenta, con la postergación
del cine histórico "El siglo de las luces", 1992,
de Humberto Solás y también "Hello Hemingway",
1990, de Fernando Pérez, de las comedias costumbristas críticas
"Adorables mentiras", 1991, de Gerardo Chijona, pero el
resto de la producción opta más bien por el replanteamiento
de las utopías, por el desencanto, o por abordar los difíciles
temas de la emigración o de la sobrevivencia en tiempos de
periodo especial.

Fernando Pérez |
Los dos grandes títulos de la década, según
la crítica nacional y extranjera, parecen ser "Fresa
y chocolate" (1993, de Tomás Gutiérrez Alea y
Juan Carlos Tabío) y "Madagascar" (1994, de Fernando
Pérez) aunque no faltaron obras muy populares como "Kleines
Tropicana", "Zafiros, locura azul" y "Un paraíso
sobre las estrellas", ni películas experimentales como
"Pon tu pensamiento en mí", "El elefante y
la bicicleta" y "La ola".

"Miel para Oshún" |
Durante el primer lustro del 2000 continúa el declive productivo
de los años noventa, originado en precariedades materiales
de todo tipo, y al mismo tiempo se registra una especie de vacío,
en el cual no dejó de incidir la desaparición física
de algunos de los mejores artistas (Tomás Gutiérrez
Alea, Santiago Álvarez), al tiempo que Alfredo Guevara, uno
de los principales fundadores y animadores del proyecto ICAIC, cesa
en sus funciones como presidente del mismo, aunque se mantiene a la
cabeza del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
El Comité de Proyectos es uno de los mecanismos creados para
sostener la creatividad de los consagrados y asegurar el relevo, en
el cual tienen resonancia también las Muestras Nacionales de
Nuevos Realizadores.

"Suite Habana" |
Juan Carlos Tabío continúa en activo mediante la exitosa
coproducción con España ("Lista de espera",
"Aunque estés lejos"), mientras Fernando Pérez
y Humberto Solás, también mediante coproducciones y
con muy exiguos presupuestos, le dan continuidad a sus poéticas
personales mediante "Miel para Oshún" y "Suite
Habana", respectivamente. En medio de la escasez de recursos
y las complejidades de todo tipo, consiguen reanudar sus filmografías
algunos cineastas largamente inactivos y realizan sus primeros largos
de ficción ciertos realizadores con larga experiencia en el
documental como Enrique Colina, Juan Carlos Cremata y Rigoberto López.
Aparecieron filmes como "Entre ciclones", "Nada",
"Más vampiros en La Habana", "Roble de olor",
"Tres veces dos".
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